Alfonso García
sobre este blog
Colectivo Blanco se incorpora con entusiasmo a la red de redes, para proponeros hablar de política en mangas de camisa; es decir, informalmente, sin dogmatismos, con pragmatismo y libertad, entre amigos, como en una tertulia o charla mientras se juega la partida de mus o de tute después del almuerzo. El movimiento del 15M-2011 nos enseñó algunas cosas y, pese a mi edad,, me incorporé simbólicamente al movimiento de los indignados, como un derecho y como una obligación. Me sentí, nos sentimos, como si alguien nos hubiera zarandeado enérgica pero respetuosamente, para decirnos: ¡hay que moverse, la silenciosa sociedad civil tiene que hablar! Emplazamos a jóvenes y menos jóvenes, trabajadores, profesionales, funcionarios, amas de casa, abuelas y abuelos, estudiantes, empresarios, mujeres y hombres, activos y parados, ... incluso a los políticos en ejercicio, a opinar y debatir sobre aquellos asuntos que, de verdad, preocupan a la sociedad española; al margen de ideologías, partidos, militancia religiosa o laica, sean del norte o del sur, del este o del oeste. Como reglas -si en la red se pueden establecer reglas- os proponemos, sencillamente: respeto, tolerancia, “sin gritos” y lenguaje correcto –en el sentido de aparcar el insulto y el lenguaje soez o chabacano: dando ejemplo a la casta política. Periódicamente –tal vez con frecuencia semanal, en función del grado de participación- propondremos un tema de diálogo y la petición de ideas constructivas en relación con el asunto debatido, sin olvidar que lo breve, si bueno, es dos veces bueno y que lo malo, si breve, es menos malo. ¡Remangaos la camisa! y ¡hasta luego!
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Hablemos de política en mangas de camisa
Publicado: 3/02/2012
... se preguntaba mirando al mar, desolado, desconcertado, incrédulo.
Desde diciembre la ciudad de La Coruña ha vivido la tragedia de tres jóvenes, de sus familiares, amigos y ciudadanos, tras una noche, tal vez, de excesos.
Con demasiada frecuencia conocemos accidentes sufridos por jóvenes, unos con consecuencias extremas, otros con secuelas permanentes y otros, en fin, que no sirven de alerta ante futuras salidas nocturnas.
El botellón concentra en calles y parques a muchachos cada día más jóvenes, que beben desaforadamente hasta verse impedidos para disfrutar de la compañía de los colegas, de la música, de la marcha. Sentados en el suelo, callados, ensimismados, la botella en la mano, con prisa por beber, tal vez para adormecerse y olvidar la falta de trabajo, la imprescindible dependencia familiar, el fracaso en los estudios, desencuentros familiares, una decepción,...
No pueden divertirse de ese modo, porque la diversión implica percepción para buscar y elegir entre la diversidad; viven durante unas horas una inconsciencia voluntaria, contraria a la condición humana.
Exigimos acciones de responsabilidad contra los políticos que actúan de forma culposa o negligente en el ejercicio de sus funciones y nos olvidamos de la responsabilidad social, la de todos y la de cada uno.
Los jóvenes siempre han cometido excesos, pero su libre albedrío tuvo algún freno en otros tiempos-ya fuese la autoridad, el respeto a padres y educadores, el temor, la religión. Hoy, esos frenos, prácticamente han desaparecido y el libre albedrío se confunde con la libertad absoluta, sin límites, sin pensar en la invasión de la libertad de los demás.
Los dirigentes políticos, si la vía educativa fracasa –enseñanza, familia y la propia sociedad- deben enfrentarse, en última instancia, a estas situaciones, asumir su responsabilidad y embridar estos comportamientos. Tienen obligación de impedir el deterioro de la vida de los demás ciudadanos, de utilizar eficientemente los recursos públicos, de que se respeten la propiedad pública y el descanso, y no se produzcan daños personales irreparables.
Me temo que por este lado tampoco podremos esperar mucho, pues los políticos actúan en función de la posible “impopularidad” de las medidas, con olvido de que lo impopular es al mismo tiempo popular, según para quién.
Las medidas silenciosas, a largo plazo -pocas veces consideradas porque no permiten honores y distinciones inmediatos- deberían contemplar la recuperación de determinados valores y principios de los que la sociedad actual está huérfana, y así nos luce el pelo.
Sería bueno que, cada uno en su ámbito, colaborara para no tener que preguntarnos algún día: ¿he sido un buen padre?








